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Tolerancia a la frustración: qué es y cómo nos afecta

por | Sep 26, 2016 | Psicología

La frustración se refiere al sentimiento generado por la imposibilidad de satisfacer un deseo o una querencia en un momento dado. La frustración forma parte de la vida y, por lo tanto, debemos aprender a relacionarnos con ella.

Algunos niños/adolescentes/adultos tienen una alta tolerancia a la frustración, esto quiere decir que cuando se frustran, son capaces de lidiar con esa sensación y sacar partido de la situación. En cambio, otras personas tienen una tolerancia a la frustración baja, lo que quiere decir que son muy sensibles a toda sensación de malestar, confunden deseos con necesidades, tienen poca paciencia o sienten mucho miedo a fallar o al fracaso.

Algunas frases típicas que se escucha en el trato con las familias o con los profesores son: “no espera para intervenir”, “es muy impulsivo”, “lo quiere todo ya”, “hace la tarea y la entrega corriendo, de cualquier manera”, “tiene unas rabietas tremendas”, “si le llevas la contraria, se pone agresivo” o “no soporta perder”.

Estudios e implicaciones sobre la tolerancia a la frustración y el retraso de la gratificación

Los estudios del profesor Walter Mischel de la universidad de Columbia y de investigadores demostraron que los niños y adolescentes que tienen una mayor capacidad para tolerar la frustración y retrasar la gratificación, incluso cuando son evaluados con 4 o 6 años, tienden a presentar un mejor pronóstico de salud mental en la adolescencia y en la edad adulta. También suelen disfrutar de relaciones sociales más sólidas y se muestran más satisfechos con las mismas. Además, es más probable que logren un mayor rendimiento académico y un mejor futuro profesional. Por el contrario, aquellos que no tienen la capacidad para resistirse al impulso tienen más riesgo de convertirse en bullies, consumir drogas, incurrir en comportamientos violentos, tener problemas legales, padecer trastorno de la personalidad o ser personas que consideran que sus deseos están por encima de todos.

Marshmallow test o la prueba del malvavisco

Uno de los experimentos de Walter Mischel con mayor repercusión fue el conocido como “Marshmallow Test” o “Test del malvavisco”. El profesor Mischel empezó estudiando cómo los niños adquirían la noción de futuro, pero descubrió que este procedimiento podía servirle para medir otras características de los niños, especialmente la capacidad para retrasar la gratificación. El experimento consistía en juntar en una habitación a niños de entre 4 y 6 años con un experimentador, quien les dejaba una golosina delante y les indicaba que tenía que ausentarse de la habitación por unos minutos. Ellos tenían dos opciones, comerse la golosina en el momento o esperar a que volviese, con lo que recibirían dos golosinas en vez de una. Los experimentadores cronometraron el tiempo que los niños eran capaces de esperar y observaron el comportamiento de los niños mediante un espejo unidireccional. Después, Mischel y sus colaboradores siguieron la evolución de esos niños en la adolescencia hasta la edad adulta y comprobaron que aquellos que habían sido capaces de esperar cuando tenían 4,6, 8 años, tenían una mejor adaptación psicológica, académica, profesional y social.

¿Cuándo se adquiere la tolerancia a la frustración?

Es normal que los bebés y los niños pequeños no entiendan que tienen que esperar para satisfacer sus impulsos. Tienen necesidades básicas como alimentarse, dormir o estar cómodo y es lógico que monten escándalos para conseguirlo. No sería adaptativo no hacerlo. Que nosotros, como adultos, seamos sensibles a esas necesidades del bebé o del niño, es fundamental para su desarrollo y para que se sientan seguros. Sin embargo, cuando se van haciendo mayores, a partir aproximadamente de los 4 años, deben ir aprendiendo que tienen que esperar por las cosas. Principalmente, por características temperamentales y por los estilos educativos de los padres, no todos los niños lo van aceptando del mismo modo.

Mecanismos cerebrales de la tolerancia a la frustración

Es habitual encontrarnos con padres que quieren trabajar la tolerancia a la frustración de sus hijos cuando ya son adolescentes o casi adultos y los problemas de conducta que presentan son más graves (impulsividad, violencia, brotes de ira, etc.) que cuando son pequeños. Por supuesto, el cerebro es flexible y se pueden lograr mejoras en la adolescencia y la edad adulta, pero estas son mucho más complicadas de conseguir que si comenzamos a trabajar la tolerancia a la frustración desde que son pequeños.

Esto tiene una explicación neurobiológica: las personas que no son capaces de esperar o de tolerar la frustración tienden a presentar una hiperactivación del estriado ventral y una hipoactivación del córtex prefrontal cuando se les presentan estímulos tentadores.

Dicho de una forma más sencilla: el estriado ventral es el área cerebral que anticipa la gratificación y la que fomenta el “¡quiero esto ya!”. Por otro lado, el área prefrontal son las riendas que nos permiten controlar los impulsos. El área prefrontal (las riendas) requiere ser ejercitada para desarrollarse correctamente, de tal manera que cuando los niños se conviertan en adolescentes o adultos, haya una estructura que soporte la inhibición de impulsos. Si, por el contrario, esa zona no se ejercita desde que son pequeños, cuando sean mayores no hay riendas para frenar los impulsos. Por así decirlo, los mecanismos para inhibir un impulso son como un músculo que se debe trabajar para que responda correctamente cuando hay que realizar un esfuerzo.

Enseñar a tolerar la frustración

En definitiva, los estudios apuntan a que aprender a tolerar la frustración desde pequeños parece ser una de las claves para tener un buen nivel de bienestar y ajuste psicológico en la adolescencia y en la edad adulta. Siendo esto tan importante, ¿no deberíamos hacer un esfuerzo para integrarlo en los planes de estudio? ¿No nos deberíamos asegurar de que las familias reciban un apoyo para trabajarlo en casa?

Y tú, ¿habrías aguantado en el test del Marshmallow? ¿Qué tal lo haría tu hijo/a?

Para más información sobre la tolerancia a la frustración, sigue muy pendiente de las actualizaciones de nuestro blog. Muy pronto subiremos un nuevo artículo con recomendaciones para trabajarla con nuestros hijos y alumnos.

Juan Múzquiz Herrero

Juan Múzquiz Herrero

Psicólogo y experto antibullying

Responsable del departamento de Psicología de Appvise. Doctorando en Psicología, UNED. Experto en psicoterapia con niños y adolescentes. Profesor tutor de la UNED Madrid Sur.

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