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Aclarando ideas: machismo, feminismo e igualdad

por | Mar 8, 2017 | Psicología

¡Feliz día de la mujer!

En Appvise apostamos por una perspectiva feminista que garantice la IGUALDAD entre hombres y mujeres. Nuestra compañera Gillian Bulbeck ya nos contó aquí algunas claves para educar a nuestros hijos e hijas en la igualdad de género, al margen de los estereotipos.

Hoy, queremos aprovechar la celebración del 8 de marzo, día Internacional de la Mujer, para seguir hablando de igualdad. Esta vez aprovechamos la ocasión para aclarar algunas ideas sobre el machismo, el feminismo y la igualdad.

Estos 3 conceptos –machismo, feminismo e igualdad-, aunque los usamos en nuestro día a día de forma habitual, a veces generan confusión y esta confusión hace también que exista cierto rechazo hacia el feminismo, malentendido como la supremacía o la importancia única de las mujeres. También hace que el machismo hiera las sensibilidades de los hombres, únicamente centrado en los hombres. Y que la igualdad se convierta en un proceso idílico e imposible de conciliar con la diversidad que a todos nos caracteriza, porque ¿cómo vamos a ser todos iguales si somos todos diferentes?

¿Qué es el machismo y quién es machista?

Se consideran machistas todos los comportamientos que van en contra de la igualdad de las personas por sus características genérico-sexuales, a saber: por sus genitales, sus caracteres sexuales secundarios (barba, pelo, senos…) y sus conductas (consideradas femeninas o masculinas) y la “coherencia” o “incoherencia” de estos aspectos en función de lo que social y tradicionalmente se ha ido aceptando.

El machismo es un aspecto cultural que favorece a los hombres tradicionalmente masculinos sobre todas las demás personas. Es decir, a aquellas personas con genitales masculinos (pene y testículos), caracteres sexuales secundarios masculinos (mayor volumen corporal, nuez, desarrollo de pectorales…) y comportamientos tradicionalmente varoniles (personas que adoptan el rol de la masculinidad hegemónica), se impone en diferentes ámbitos tales como:

  • Frente al grupo de amigos -haciéndose el gallito-.
  • Frente a las mujeres, especialmente la pareja -dominante y celoso-.
  • Poder económico, ser el sustento económico familiar, heterosexualidad, etc.

Esta combinación es lo que se conoce como masculinidad hegemónica.

Esta situación de poder que tienen los hombres que adoptan masculinidades hegemónicas en nuestra sociedad genera desigualdades y sufrimiento para una amplia diversidad de personas. Por ejemplo:

  • Para hombres cuya vestimenta, aspecto o conducta se consideran femeninas (llorar, ser sensible, ser enfermero, profesor de infantil…).
  • Para todas las mujeres que se ven obligadas, directa o indirectamente, a través de presiones sociales a asumir ciertos papeles. Por ejemplo, su cuerpo se utiliza como reclamo publicitario, se las relega a puestos de menor responsabilidad, obtienen menor sueldo por el mismo trabajo, se las relega a las tareas de la casa o el cuidado de los hijos. Y, por supuesto, también a aquellas mujeres que no se identifican con algunas de las prescripciones que se hace para su sexo biológico. Por ejemplo, la homosexualidad.
  • Personas pertenecientes a los colectivos transexuales o transgénero.
  • Personas pertenecientes a otras minorías (gais, lesbianas, bisexuales).

¿Quién lleva a cabo comportamientos machistas?

En realidad, todas las personas llevamos a cabo comportamientos machistas. Sí, también las mujeres, las personas pertenecientes a minorías y un largo etc.

A pesar de que el valor de la igualdad está ampliamente aceptado y valorado en nuestra sociedad, todas las personas nos hemos desarrollado en una cultura machista y estos comportamientos ampliamente aprendidos afloran día a día en nuestras interacciones diarias.

Esto no quiere decir que no podamos hacer nada para evitarlo. Al contrario, quiere decir que aún nos queda mucho por trabajar. Para eso tenemos los feminismos.

¿Qué es el feminismo?

Angela Davis, filósofa, política y activista define el feminismo como:

“La idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.

Y aunque nadie pudiera estar en desacuerdo con esta idea, es el énfasis en las mujeres lo que en muchas ocasiones genera rechazo al feminismo. Este énfasis en la situación del género femenino se justifica por la situación histórica de opresión en la que han tenido que construirse como “el segundo sexo” (Beauvoir, 1949).

De hecho, a veces, el feminismo se confunde con la creencia en la supremacía de la mujer. Y han aparecido nuevos términos que cuando se comparan con el feminismo ridiculizan y desprecian a las personas que están trabajando por la igualdad, como el “hembrismo” o el término “feminazi” utilizados para hablar de misandria (odio a los hombres) que nada tiene que ver con el feminismo.

El feminismo, o los feminismos, tratan de luchar por la igualdad de los hombres y las mujeres. Esto no conlleva trabajar únicamente por los derechos de las mujeres: como el acceso igualitario al mundo laboral, igualdad de oportunidades, libertad social… sino también por los de los hombres: derecho a expresar sus emociones, acceso a las profesiones que deseen, libertad para conciliar su vida personal y profesional, o para no ser el sostén económico de sus familias y tener igual derecho de custodia de los hijos. Por tanto, la lucha por la igualdad de hombres y mujeres, no excluye, si no que incluye y propone sociedades más justas.

Esto tampoco quiere decir que las personas feministas estemos siempre de acuerdo, al contrario. El feminismo y su avance se nutren de la discusión y la creación de conocimiento por todas las personas, por ello ha aparecido el término “los feminismos”.

En este sentido, el feminismo tampoco trata de prescribir reglas únicas y finalizadas para las conductas sexo-genéricas de todas las personas. Al contrario, el feminismo debería encargarse de generar espacios de discusión y participación de todas las personas en los que podamos ser críticas con las situaciones que nos disgustan e incomodan y buscar conjuntamente soluciones. De hecho, el feminismo se caracteriza por ser:

  • Un movimiento crítico (de crítica a las situaciones).
  • Dialógico (a partir de la participación de todas las personas y las voces de las personas pertenecientes a los grupos oprimidos).
  • Y desnaturaliador o deconstructor (de aquellas realidades socialmente construidas que contribuyen a la perpetuación de las desigualdades).

Además el feminismo trabaja a través de:

  • La toma de conciencia y la denuncia de realidades.
  • La problematización.
  • Y la búsqueda de solucione.

Aquí podemos ver algunas de esas características en estas “Confesiones de una mala feminista”.

¿Quién puede ser feminista?

¡Todas las personas podemos ser feministas! De hecho, todas podemos beneficiarnos de un mundo más justo, plural e inclusivo.

¿Y para qué trabaja el feminismo?

A lo largo del artículo hablamos mucho de la igualdad. Sin embargo, a la vez no paramos de apostar por una sociedad plural. ¿Cómo se entiende esto?, ¿qué queremos decir con LA IGUALDAD?

La igualdad hace referencia a la igualdad de oportunidades. Tanto de oportunidades de elección como igualdad de oportunidades de éxito.

Es decir, trabajamos para que todas las personas puedan elegir libremente sus conductas genérico-sexuales, su vestimenta, sus gustos y aficiones, sus empleos o sus carreras profesionales, en un clima de tolerancia y respeto y cuenten con iguales posibilidades de tener éxito con esas elecciones.

Y para que tengan las mismas oportunidades de éxito dentro de esas elecciones; es decir, trabajamos para que nadie tenga que abandonar su carrera profesional por su sexo o género, sea discriminado por ir vestido “como una mujer”, acosado por la calle, discriminado por que le guste el fútbol, el ballet o el color rosa, negado la oportunidad de educarse o expresarse en una comunidad, la posibilidad de conducir, reproducirse o no hacerlo y un largo etc.

¡Nos queda mucho trabajo por hacer feministas del mundo!

¡Qué tengáis un muy feliz e inclusivo Día de la Mujer!

Marta Fernández López

Marta Fernández López

Psicóloga de Appvise

Graduada en Psicología, UAM
Máster en Psicología del Desarrollo, Universidad de Columbia
Experta en desarrollo, educación y en poblaciones en riesgo.
Psicóloga en AFASAME (Asociación de Familiares de Afectados de Salud Mental).

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