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Día contra el bullying: cómo viven el acoso víctima y agresor

por | May 2, 2017 | Bullying, Psicología

Con motivo del Día contra el bullying, en Appvise hemos querido entrevistar a dos personas que se vieron involucradas en la dinámica del bullying cuando eran niños y adolescentes y que, hoy en día, han salido adelante con éxito.

Perfiles del bullying

Durante muchos años se pensaba que en el bullying había dos roles implicados: agresores y víctimas.

Sin embargo, en el acoso lo que existe es una dinámica donde hay muchos más perfiles comprometidos: distintos tipos de agresores, distintos tipos de víctima y, por supuesto, unos actores fundamentales: los espectadores que, por obra u omisión, refuerzan la situación de acoso.

En nuestro caso, hemos entrevistado a una víctima pasiva y a una agresora secuaz. Para guardar la intimidad de los entrevistados, los nombres que se utilizan son ficticios.

Víctor, “sufrí bullying a diario durante 4 años”

Durante cuatro largos años, Víctor fue maltratado por sus compañeros del colegio. Recuerda aquella época como un mal sueño y aunque necesitó terapia psicológica para poder salir adelante, hoy en día es una persona feliz, trabaja como policía y disfruta ayudando a la gente.

Siempre está rodeado de amigos. Todo el mundo le quiere. Es imposible no hacerlo. Siempre está con una sonrisa en la boca y dispuesto a “echarte un cable” si lo necesitas. Es deportista, y le encanta hacer teatro, bailar salsa y viajar.

A pesar de haber sufrido bullying, a Víctor le gusta estar rodeado de gente. Sabe que su mala experiencia en el colegio, le marcó. Sin embargo, no deja que eso le influya en su día a día.

La historia de Víctor es muy parecida a las de muchos otros chicos que son o han sido víctimas de bullying.

Cuando tenía 9 años vivió ataques prácticamente a diario durante 4 años: le acorralaban, le pegaban, le agarraban del cuello, le insultaban, se reían de él, le amenazaban. Iba sin duda más allá de un conflicto entre iguales o de una pelea.

Según lo que nos explica, Víctor fue una víctima pasiva. Es decir, no trataba de enfrentarse a sus agresores. Solo lo hizo una vez, y lo que consiguió fue que le pegaran entre varios.

¿Por qué se metían con él? Quizá por su condición sexual o porque él no era de una familia adinerada como los niños que le agredían. ¡¿Qué más da!? Ninguna razón justifica el bullying.

Carolina: “Estar del bando de los agresores me hacía sentirme integrada”

Carolina tiene 23 años y trabaja como diseñadora gráfica. Le gusta jugar a videojuegos, escuchar música, salir a pasear al sol y montar en bici. También le gustan los fines de semana de serie, sofá y comida a domicilio.

Entre los 12 y los 14 años actuó como agresora secuaz, es decir, no dirigía las agresiones, pero buscaba activamente esas situaciones y se reía de las víctimas. Al principio esta situación no le generaba remordimiento ni le hacía sentir mal. Todo lo contrario, le gustaba esa camaradería con los agresores, “era divertido” y favorecía que se sintiera parte del grupo.

Pasado un tiempo, cambió su actitud y comenzó a llevarse bien con las que antes eran las víctimas.

Víctima de bullying VS Agresor ¿en qué piensa cada uno?

Con motivo del día contra el bullying, desde Appvise hemos creado un cuestionario con las mismas preguntas para víctima de bullying y agresora… Esto es la visión que tuvo cada uno durante los años de maltrato y acoso en el colegio.

– ¿Hablaste del tema con tus padres o profesores? ¿Sabían algo?

Víctor: No, no lo conté hasta que tuve 34 años. Siempre sentí vergüenza de lo que me ocurría. Sentía vergüenza de mi debilidad y de sentirme inferior. No lo conté hasta que fui al psicólogo que me enseñó a soltarlo. Todavía cuando lo cuento, lloro y me entristece, aunque me desahogo. Durante mucho tiempo todo quedaba en mi interior. Tuve mucha rabia contenida.

Si hubiera tenido la confianza de que los profesores iban a hacer algo por solucionarlo, quizás lo hubiese contado.

Carolina: No, con los profesores nunca lo hablé. Y frente a mis padres, a veces me refería a los chicos  menos populares como los “pollos” o los “pringaos” de forma despectiva y les contaba que, a veces, hacíamos bromas sobre ellos, cosa que mis padres no aprobaban pero tampoco reprendían. De hecho mi madre siempre decía que no hiciera eso, pero hasta allí llegaba la conversación sobre el tema.

Los primeros años no le daba importancia a las burlas que hacíamos a los otros niños y después, cuando ya no me gustaba lo que hacían mis amigos tampoco lo conté a los profesores porque no quería quedar como la “chivata”.

– ¿Cuál era la actitud de los profesores hacia este tipo de situaciones? ¿Se enteraban de lo que ocurría?

Víctor:  No hubo un solo profesor que hiciera algo por poner solución a ese calvario que estaba viviendo y sufriendo. Por parte de los profesores encontré pasividad absoluta. Sólo me llevaron al psicólogo en tres ocasiones, pero nunca hicieron nada con los agresores.

Carolina: La mayoría de los profesores no se enteraban de lo que ocurría. Sin embargo habían otros profesores que incluso participaban en este tipo de acciones, yo creo que participaban para ganarse el respeto o simpatía de los chicos “más populares” de la clase.

Recuerdo una anécdota de una chica que siempre sufría bullying. Todos decían que era rara, que olía mal, etc. El día de su cumpleaños le dejaron en su puesto de la clase una cesta con un jabón y un champú. La idea fue de la profesora de química y todos los chicos del aula se rieron del hecho.

– ¿Dónde solía ocurrir el maltrato?

Víctor: En los cambios de clase, en la salida y entrada del colegio y, sobre todo, en el recreo. Pero también sufrí bullying cuando me encontraban en la calle, fuera del colegio y estaba solo.

Carolina: Solía ocurrir en los tiempos muertos entre clase y clase, mientras esperábamos que llegara el otro profesor. También pasaba en los recreos y en los baños.

– ¿Crees que el bullying te ha afectado de alguna manera?

Víctor: En su momento no dormía, me meaba en la cama por las noches, no salía de casa,  y bajó mi rendimiento en los estudios. Incluso quise repetir curso para cambiar de clase.

Aunque ahora estoy bien, el sufrir acoso de pequeño te afecta en la vida adulta, pierdes autoestima, seguridad, te hace más tímido, sientes más miedo al rechazo, rabia y poca confianza en conseguir lo que quieres. Hoy en día no revelo mi orientación sexual por miedo a que pueda ocurrir algo parecido. Salvo mi círculo de amigos más cercano, nadie lo sabe.

Carolina: Cuando miro hacia atrás me arrepiento de las bromas que hice o de las veces que me reí ante un maltrato hacia un compañero. Definitivamente esos años de adolescencia que vives en el colegio van forjando tu personalidad y creo que en mi caso haber vivido esas situaciones ayudó a darme cuenta de las injusticias y de lo mucho que puede afectar a otra persona este tipo de actos hacia ella.

Víctor asegura que aunque también fue testigo de cómo otros compañeros sufrieron bullying, nunca puedo ayudarle porque “estaba aterrorizado y el temor no me dejaba actuar”. Por su parte, Carolina dice que ella sufrió en sus propias carnes alguna burla de sus compañeros “si bien no podría llamarlo bullying después de lo que vi”.

También hemos preguntado a Víctor que fue lo que más le afecto y responde claro: “que eran muchos para agredir a uno. Que se rieran de mí y que sabían que yo nunca haría nada para defenderme, ya que me pegaron entre todos cuando intenté defenderme. Era un machaque psicológico, a diario.

Carolina, por su parte, es consciente de la gravedad de sus actos aunque su maltrato fuera psicológico y no físico. “Nosotros no pegábamos, pero sí hacíamos bromas o aislábamos a los mismos chicos todo el tiempo. Visto con perspectiva y reflexionando sobre aquello, creo que si bien el que te peguen causa dolor físico, el dolor y  el daño psicológico que le causaba a las víctimas el ser objeto de burla o ser ignorado, puede llevar a consecuencias mucho más graves.

A pesar de la dureza de los testimonios, de la entrevista de Víctor y Carolina podemos extraer 2 puntos positivos.

  • Que, aunque parezca imposible, haber sufrido bullying no te imposibilita en el futuro para alcanzar tus objetivos ni para tener una vida normalizada. Es cierto que suele dejar secuelas, pero se puede convivir con ellas. El apoyo de la familia y lograr establecer vínculos fuertes y saludables con otras personas fuera de ese contexto puede ayudar a ese buen pronóstico. También, encontrar un sentido a esa experiencia (por ej. Luchar para que no le pase lo mismo a otras personas o ayudar a los demás) puede ser un poderoso mecanismo de resiliencia.
  • Que un agresor puede cambiar su actitud si se le dan las herramientas necesarias. Los niños no son malos o buenos, hay que educarles para que sepan lo que está bien y lo que está mal.

Reflexiones finales

Por qué las víctimas de bullying no lo cuentan

Una de las preguntas más habituales que surgen cuando nos enteramos de que un/a chico/a ha sido víctima es ¿por qué no lo ha contado antes? O ¿cómo es que nadie ha dicho nada?

Tal como cuenta Víctor, la vergüenza o no querer preocupar a los padres son algunos de los motivos más frecuentes. Carolina, en cambio,  no iba a hablar, estaba tan normalizado que no tenía conciencia de que estuviera mal.

Hay otros factores que influyen en que las víctimas no lo declaren:

  • No es fácil asumirlo. Sentirse víctima o reconocer que se está siendo humillado no es sencillo y, es probable, que lo nieguen.
  • Se sienten culpables de lo que les ocurre. Son conscientes de que hay una tendencia a culpabilizar a las víctimas por parte de profesores y familias. Intuyen que si lo cuentan, es probable que les den consejos sobre lo que deben hacer.
  • Temen perder el control de la información. En muchos casos, si la víctima lo cuenta a sus padres, estos deciden tomar medidas sin preguntarles. Ellos saben que eso puede traer represalias y prefieren no hablar.

Sobre los espectadores influye el temor del agresor o recibir el estigma del chivato.

Esta imagen del “chivato” debe ser trabajada en clase. Por ejemplo, en una tutoría se puede explicar la diferencia entre secretos buenos y secretos malos. Los secretos buenos son aquellos que tenemos con amigos sobre las cosas que nos importan, sobre la chica o chico que nos gusta, o aspectos que quizás nos confía y que ese amigo o amiga podría pasar vergüenza si los reveláramos.

Los secretos malos son aquellos donde ocultamos una información que contribuye a que una tercera persona lo pase mal. Si viéramos que se roba un coche en nuestra calle y no dijéramos nada, por ejemplo, no sería un secreto bueno. Después de la explicación, podemos darles a los alumnos una serie de situaciones y que las coloquen en la columna de secretos buenos o secretos malos. Se puede trabajar primero individualmente y luego en grupos o con toda la clase.

La actitud de los profesores es clave para luchar contra el bullying

Ni Víctor ni Carolina dejan a los profesores en muy buen lugar.

En el caso de Víctor nadie hizo nada y en el caso de Carolina incluso contribuían con bromas sobre el acoso. Esto no se corresponde con lo que nos estamos encontrando en Appvise últimamente.

Sin duda, ha habido un cambio de actitud por parte de profesores y colegios, pero no es suficiente.

Los docentes están más concienciados pero sienten inseguridades, miedos y, en general, están sobrecargados, lo que dificulta que tengan tiempo para tratar estos aspectos. Vemos que necesitan formación, asesoramiento, recursos y apoyo. Todo ello disponible de manera sencilla y reducida para lograr entrar en sus agendas.

Otro aspecto importante es que los profesores sufren presiones fuertes por los medios de comunicación o por las familias.

Del mismo modo que, en algunos casos de bullying, se tiende a culpabilizar a la víctima, es habitual que se tienda a culpabilizar a los profesores. Sin embargo, para prevenir y atajar el bullying es indispensable el apoyo de las familias. Es necesario que dejemos de señalarnos los unos a los otros (profesores a familias, familias a profesores, profesores a administración, espectadores a agresores, agresores a víctimas) y trabajemos desde ya y con buena voluntad todos juntos.

Los lugares de las agresiones siempre son los mismos ¡pongamos más atención!

Tanto Víctor como Carolina hablan que las agresiones ocurrían en cambios de clase, a la salida, a la entrada del colegio, fuera del colegio, baños, etc. Por desgracia, las agresiones siguen ocurriendo en los mismos lugares y hay pocos cambios respecto a esto.

Es importante que nos hagamos conscientes de una realidad: las situaciones de acoso ocurren a espaldas de los adultos, no las vemos. Evitar los retrasos entre cambios de clases, los tiempos muertos tras el recreo o la falta de vigilancia en recreos y a la salida es absolutamente necesario. Es importante desarrollar protocolos de vigilancia y supervisión y controlar su implementación. Contar con alumnos que nos ayuden es una buena medida, pero no es justo delegar en ellos una responsabilidad que es nuestra como ocurre en algunos casos.

Es cierto que hoy en día a todos esos lugares tenemos que añadir las nuevas tecnologías y las redes sociales que provocan un agravamiento de las consecuencias, pero no nos confundamos: el ciberacoso suele ser una prolongación de las situaciones de acoso, intervienen los mismos.

Si logramos atajar temprano las situaciones de acoso, también evitaremos el ciberacoso y no al revés. Como dice nuestro colaborador Carlos Cuesta, “la mejor herramienta de protección contra el ciberacoso en las redes sociales es la empatía”

El sufrimiento de las víctimas y la visión del grupo

Las víctimas de bullying lo pasan realmente mal. No es una pelea un día suelto, es un “machaque psicológico” como dice Víctor.

Es una humillación que ocurre delante de todos. Después de las agresiones, las víctimas se quedan solas. Y ese aislamiento no viene solo por parte de los agresores, sino también  del grupo que acompaña las risas o que mira para otro lado (perfil de Carolina), y eso es justamente lo que le hace al bully sentirse mejor y más fuerte.

Lograr que los alumnos sepan reconocer estas situaciones, las identifiquen como algo que está mal, no las refuercen y sepan actuar, requiere un trabajo sistemático y mantenido en el tiempo.

Víctor tuvo que ir a terapia psicológica para lograr vivir con esos recuerdos. Carolina se arrepiente de ciertas cosas que hizo, y aunque la visión y el sufrimiento de cada uno son muy distinto, ambos han sabido mirar para adelante.

Víctor con muchas más dificultades, ya que como víctima vivió en sus propias carnes el insulto continuo y el desprecio. Ahora su mayor deseo es que la lacra del bullying termine cuanto antes. Por eso, aunque hablar para Appvise de su experiencia ha vuelto a revivir recuerdos que prefiere olvidar, confía en que pueda ayudar a otros niños.

Carolina, antes de despedirse, nos insiste en que desde Appvise tratemos de trabajar para que los alumnos agresores sean conscientes de que lo son “igual si yo hubiera tenido esa información, nunca me hubiera posicionado del lado de los malos, quien sabe”.

Juan Múzquiz Herrero

Juan Múzquiz Herrero

Psicólogo y experto antibullying

Responsable del departamento de Psicología de Appvise. Doctorando en Psicología, UNED. Experto en psicoterapia con niños y adolescentes. Profesor tutor de la UNED Madrid Sur.

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